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Una pelea sin sentido
Jojojo, interesante.

HACE MUCHO, MUCHO TIEMPO...
Escribí esto hace tres años, más o menos. La verdad, no me gusta mucho como quedó, lo que me gusta es la idea. Lean, comenten, propongan.
Si pueden, tírenme ideas para escribir más cosas.

Mila-

UNA PELEA SIN SENTIDO
1
Como cada domingo, todos se estaban preparando para la Gran Batalla. Había nervios, como siempre, y los designados se empezaban a acomodar en sus respectivos lugares. El rey y la reina seleccionaron a lo mejores: mensajeros, vigilantes, guardia montada, y soldados de frente.
Antes de comenzar, lo seleccionados tenían media hora de descanso.
-No me parece justo- comenzó a reflexionar uno de los mensajeros- que sólo por el rey y la reina y su odio por el pueblo blanco debamos arriesgar siempre nuestras vidas.
-Cierto- dijo uno de los soldados, uno de los que van al frente. Continuó- siempre con mucho nacionalismo en sus discursos, y con los aplausos de la gente, pero, ¿y nadie piensa en nosotros? Nosotros salimos a pelear cada domingo, viendo cómo nuestros compañeros mueren.
A lo que el primero respondió: -Yo era un simple herrero, hasta que me hicieron una prueba, y resultó que corro bien en diagonal. Ahora entrego informes e intento proteger al rey (porque a la reina defensa no le falta) y a veces, en su honor, debo matar a algún blanco. No es un trabajo para envidiar.
-¿Y yo?- siguió su compañero- siendo soldado de frente tengo más probabilidades de ser eliminado. Con suerte, volvemos a casa uno o dos de nosotros.
-Habría que hacer algo… -Un soldado de caballería que estaba escuchando se unió a la conversación,
-No se puede, la palabra del rey y de la reina vale más que la nuestra. –Dijo el guerrero de frente, mostrando su pesimismo.
-Cierto… la otra vez escuché que existía algo llamado… eh… ah! “güelga”. Los que la efectúan no trabajan hasta recibir lo que quieren.
–El mensajero, haciendo gala de su cultura avanzada gracias a sus largos viajes, logró, o eso creyó, pronunciar aquella difícil palabra.
-¿Desafiar la autoridad con una güelga? ¡Nos ahorcarían! –Sí, ese fue el guerrero.
-No pueden ahorcarnos, no podrían salir a la batalla, y ya sabés lo tiranos que dicen que pueden ser los del pueblo blanco. –El mensajero no se rindió.
-¿Y que pediríamos en la güelga? ¿Más descanso, mejor trato o que, aunque sea, nos paguen? –Los de caballería ya se estaban dirigiendo hacia sus puestos, pero este jinete se quedó.
-Yo pediría la paz entre ambos… -Con duda, el mensajero se animó, y lo propuso.
-¿¡Estas loco!? Ni con güelgas ni con nada podríamos conseguir eso. ¡Ahí si que nos ahorcarían! –¿Hace falta aclarar que ese fue el Guerrero?
-Te digo que no nos van a ahorcar. O si no podríamos pedir una asamblea para discutir las cosas como gente civilizada, y dejar de pelear. –Ofendido, el mensajero optó por proponerlo.
-Eso suena bien…

2
La mano derecha del rey negro, Sir Rose, entró corriendo al castillo hasta la habitación en donde el rey y la reina recibían a los campesinos. Abrió la puerta de un golpe y siguió corriendo hasta que estuvo ante los reyes.
Empezó a explicar con la respiración cortada: -Su majestad, los mensajeros y los soldados, juntos con un par de caballos, dicen que están en una “güelga”, y que no pelearán hasta que se los escuche.
La cara del rey estaba boquiabierta, pero la reina, imperturbable, ordenó que se los trajera de inmediato.
En quince minutos, con corridas de todos, los idealistas, junto con sus compañeros de güelga, se presentaron ante sus majestades.
-Ahora que están ante nosotros- comenzó la reina- expliquen que es una… eh… “güelga”, y por qué lo hacen. Todos se miraron hasta que el mensajero juntó valor y comenzó a explicar:
-Una güelga, su majestad, significa no hacer nada hasta que se nos escuche y se arregle la situación.
-¿Qué situación?- dijo el rey Entonces el jinete, dio un paso al frente y respondió:
-La situación con el pueblo blanco, señor. Hemos estado luchando desde que tengo memoria, y ya todos estamos hartos. No pelearemos más. A lo que el rey explicó:
-Estimados súbditos, entonces eso no sería una güelga, sino una renuncia.
-Espere: ¿podemos renunciar? –El mensajero, sorprendido, tomó la palabra.
-¿Por qué no? Pero nos quedaríamos sin sus irremplazables servicios.
-Su majestad –El guerrero de frente, cansado de ser ignorado- Renuncio a serle útil en esta batalla sin sentido. Si me disculpa… -dio media vuelta para retirarse, pero dos guardias reales se movieron para cortarle el paso.
-Déjenlo ir. –La voz áspera y autoritaria de la reina se oyó por toda la sala. En seguida, los guardias siguieron la orden, y el guerrero se retiró. El mensajero y el jinete hicieron una reverencia, se sacaron sus sombreros, y los dejaron en el piso. Acto seguido, se fueron de palacio.

3
Buscó por todos lados, pero no los encontró.
-Che, má, nos faltan un peón, un caballo, y un alfil negros. ¿¿No los viste?? –“¿Dónde se habrán metido?”.

FIN?





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